El aguatinta es una técnica artística de reproducción de imágenes en estampa a partir de su
grabado inicial sobre la plancha matriz. Pertenece a los tipos de técnicas indirectas, es decir,
que el diseño final se obtiene por medio de mordientes (ácidos), no por la acción directa de la
mano del artista y sus herramientas cortantes (técnicas directas), véanse el buril o las
puntas.
Como técnica independiente tiene su origen en los inicios del siglo XVIII,
ejecutada por primera vez por el artista H. Zeegers, y retomada por el grabador Jean-Baptiste Le
Prince en la segunda mitad de la centuria en un intento de simular el efecto de las pinturas a la
acuarela del Rococó. Pero muy prontamente, autores como Goya recurrirán al
aguatinta
como parte de su obra final, pues es combinada con otros métodos indirectos como el
aguafuerte.
Bajo esta miscelánea de procedimientos del grabado crean también los artífices contemporáneos,
destacando el cineasta e ilustrador Alexandre Alexeieff (1901-1982).
Para grabar al aguatinta, es necesaria una plancha metálica previamente
desengrasada que será cubierta con una resina en polvo, por lo general de colofonia,
resistente a la corrosión del ácido en el que posteriormente será sumergida. Para espolvorear la
placa con la resina se utilizan diferentes métodos. El más rudimentario será a través de bolsitas
de seda (muñequillas) rellenas del polvo blanco, que con su agitación en proximidad a la plancha, o
usadas como un tampón —golpeando suavemente la chapa—, la resina queda depositada sobre la
superficie de metal. Este procedimiento se recomienda a los hacedores más hábiles, pues la capa de
resina debe ser completamente uniforme para unos buenos resultados, aunque si se conoce bien la
técnica, el artista puede con la muñequilla aplicar mayor cantidad de resina en las áreas que
precisen tonalidades más próximas al blanco, pues el mordiente actuará con menor intensidad cuanto
más gruesa sea la capa de resina que encuentre a su paso.
Para este proceso asimismo existen las cajas de resinar, en las cuales, se
introduce polvo de resina, y mediante la sacudida del contenedor, o través de pequeños ventiladores
internos. Las hélices pueden ser sustituidas por un fuelle externo conectado con la parte baja del
cajón. En cualquier caso, el fin es hacer volatilizar el polvo. A los pocos segundos se mete la
plancha de metal boca arriba a través de una puertecilla lateral (como si de un hornillo se
tratara), dejando que el producto se vaya posando sobre la placa.
Una vez cubierta la plancha por la resina, ésta se extrae de la caja para ser
calentada hasta que el polvo adopte un color amarillento, teniendo presente el administrar el calor
de manera uniforme, con el objetivo de que la resina se adhiera al metal en un mismo grado de
penetración a lo largo de toda la superficie. El resultado es una plancha repleta de gránulos,
donde se realizará el diseño a partir de barnices aplicados con pinceles que protejan la resina.
Estas partes resguardadas por el producto en barniz se las denomina reservas. Se comenzará
por dibujar las áreas más claras, después las tonalidades grisáceas, y por último las de mayor
oscuridad, sumergiendo la plancha en los ácidos (normalmente ácido nítrico) entre cada uno de estos
procesos de reserva. Solo falta verter la tinta sobre el metal mordido para ser traspasado el
diseño al papel a partir del tórculo: prensa compuesta por rodillos accionados con una
manivela.
El aguafuerte posee otras variantes que dependen del modo en que se trabaja la
plancha: la base líquida (resina y alcohol), el grabado al azufre (aceite y azufre), el método a la
sal, y la aguatinta al papel esmeril (con dicho papel de lija y barniz duro).

|